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miércoles, 6 de septiembre de 2017

Las pisadas humanas de Creta



El pasado 2 de Septiembre, se difundió la noticia del hallazgo en Creta de un rastro de pisadas “posiblemente” humanas. No son las primeras que se encuentran fosilizadas, pero lo llamativo de este nuevo descubrimiento, es la edad que se les atribuye: 5.700.000 años de antigüedad. Mucho más antiguas que todos los supuestos antepasados del hombre (ardipithecus, australopithecus, etc.).
El trabajo original sobre el descubrimiento y las investigaciones posteriores está en: G.D. Gierlinski, et al., Possible hominin footprints from the late Miocene (c. 5.7 Ma) of Crete?, Proc. Geol. Assoc. (2017), http://dx.doi.org/10.1016/j.pgeola.2017.07.006.
Todas las imágenes de esta entrada están tomadas de ese trabajo.

Se trata de dos rastros cortos de tres o cuatro huellas cada uno que quedaron impresas en la arena húmeda de una playa en el noroeste de la isla de Creta. Las huellas se alejan del mar hacia el suroeste, se dirigen hacia tierra firme.

Todos los estudios realizados, indican que la criatura que las hizo, era bípedo, plantígrado,  pentadáctilo, sin garras, con los cinco dedos en paralelo y en dirección longitudinal con respecto al pie, sin espacio entre el dedo gordo y los restantes, con el dedo gordo de mayor tamaño y más estrecho en su base que distalmente (con forma de porra), y una potente almohadilla en el extremo distal del primer metatarsiano, (en la planta junto al comienzo del dedo gordo).

En el trabajo se comparan estas huellas con las de los animales plantígrados: con las patas traseras de un oso, con las patas de los primates, de los simios actuales, con las huellas de Laetoli y con unas huellas humanas de hace 1’5 m.a. encontradas en Kenia. La comparación hace patente que no son huellas de oso, ni de primate ni de simio, son huellas semejantes a las de Kenia, Laetoli, o las de un ser humano actual, sólo que considerablemente más antiguas.


Lo más interesante de este hallazgo es que se ha podido datar con mucha precisión, ya que el estrato que contiene las huellas está sobre otro que ha podido ser datado perfectamente por la asociación de foraminíferos que contiene (conchas microscópicas, el zooplancton, acompañamos una imagen de globigerina pseudobesa, una de las decisivas para datar las huellas), y está por debajo del paquete salino que marca una época al final del Mioceno, en la que el empuje de África, cerró el estrecho de Gibraltar y el mediterráneo llegó hasta casi secarse, dejando en el fondo un paquete enorme de yesos y sal. Esto ocurrió al final del periodo llamado Messiniense. En la columna de la figura superior, el complejo salino es el llamado Hellenikon Group. 
Todo ello permite precisar que las huellas son del Mioceno superior, y que tienen aproximadamente 5’7 millones de años. (Es posible que ese número esté inflado en uno o dos ceros, y que las huellas tengan 570.000 años o incluso sólo 57.000, que ya son años, pero las dataciones radiométricas son de por sí, imprecisas). El número exacto de años que han pasado desde el Messiniense hasta ahora, no es lo importante, lo importante es que esas huellas son mucho más antiguas que todos los supuestos antepasados del ser humano, con lo que, toda las hipótesis que se han construido con respecto al origen de nuestra especie quedan refutadas.
Tal es la relevancia de este hallazgo, que los propios autores a pesar de las conclusiones a las que se llegan por lo investigado, no se atreven a afirmar que son huellas humanas, sino que el título del artículo indica lo de “posibles”, y en sus conclusiones, dicen: “Siempre son deseables fósiles mejores y más numerosos, pero tampoco se pueden ignorar las pruebas actualmente disponibles y sus posibles implicaciones, por más desafiantes que puedan ser”.
Han hecho una investigación magnífica, sabiendo que los iban a desacreditar de cualquier manera posible, han sido valientes y eso es de agradecer, porque existe lo “científicamente correcto” en todas las disciplinas, pero en el asunto del origen del hombre, aportar argumentos que pongan en duda la “versión oficial”, es bastante arriesgado para tu futuro profesional.
En esta imagen aparecen: f) una huella humana actual; g) una de las huellas encontradas en Creta; h) un pie humano, e i) una de las huellas del rastro de Kenya de 1'5 millones de años.

A pesar de lo excelente del estudio publicado, se echan en falta argumentaciones sobre :
a) Un cálculo de la longitud del paso, con lo que podría establecer algún parámetro sobre la altura del individuo o al menos de la longitud de sus piernas.
b) Alguna matización sobre el modo de locomoción que marcó las huellas, no es lo mismo la huella que se deja cuando uno anda tranquilo, que cuando anda ligero, corre o salta.
c) Alguna precisión sobre la diferencia en los tipos de huellas que se dejan, según el modo en que se apoye el pie. Estas huellas de Creta que marcan fuertemente el dedo pulgar y el bulto del extremo distal del primer metatarsiano, corresponde a la pisada de alguien que camina apoyándose en la parte interna del pie, medicamente, a esta forma de pisar se llama pisada “pronadora” (las personas que pisan así, gastan más el tacón por el lado interior de pie). Suele ser un modo de caminar que se hace hábito, como método instintivo de prevención de las luxaciones habituales al andar por terreno irregular.
d) Una argumentación sobre la posible explicación de por qué, en las huellas de Creta está tan poco marcado el talón, lo que se corresponde con la huella que dejan las personas que tienen un modo de pisar que medicamente se denomina “pie equino” cuando se anda apoyando preferentemente la parte delantera del pie. 
Tenemos pues, unas huellas de los pies de un ser bípedo, plantígrado, pentadáctilo, con los cinco dedos paralelos y en posición longitudinal a la planta, sin distancia entre el pulgar y el siguiente dedo, que caminaba con pisada pronadora y con pie equino, huellas que no son ni de primate ni de simio, ni de oso, ni de ningún otro ser conocido, y dado que todas estas características se dan en unas huellas humanas, ¿por qué no se afirma con rotundidad que son humanas?, como ocurriría si se hubiese encontrado un rastro de huellas cuyas características encajasen con las huellas de un oso actual, todos afirmarían tranquilamente que son huellas de oso.
Pero afirmar que existían seres humanos en el Mioceno es tirar por tierra todo el llamado proceso de hominización. Aunque los evolucionistas son especialistas en explicarlo todo, es sorprendente una teoría con pretensiones de científica que explica una cosa y la contraria, que evolucionando un pez salió del mar y se hizo terrestre, y evolucionando, un mamífero se metió en el mar y se hizo marino. Es como si un físico explicase la ley de la gravedad diciendo que unas veces los cuerpos son atraídos hacia abajo y otras veces esa misma fuerza los repele hacia arriba.
En esta imagen, las huellas de: c) mono; d) gorila; e) Chimpancé.
De este modo ahora tendrán que argumentar que los dedos estuvieron juntos en el Mioceno, evolucionaron y el pulgar se abrió, y despues evolucionaron de nuevo y se juntaron, y no pasa nada.

En cualquier caso, con estas huellas se hará lo mismo que con las de Laetoli, se dirá que las hicieron algunos pre-humanos, (homínidos u homininos, como les ha dado en llamar a ese grupo de seres virtuales). En cualquier caso, verán como todo sigue igual, nadie mencionará estas huellas ni lo que suponen, y seguirán enseñando lo que ellos necesitan creer que ha sucedido, aunque no se corresponda con la realidad atestiguada por los yacimientos.
El problema no es sólo que queda en evidencia la falsedad de todo el edificio del proceso de hominización, lo peor es, que si ya había hombres con un pie como el nuestro en el Mioceno, buscar sus supuestos antepasados en terrenos anteriores, se vuelve prácticamente imposible, porque en la zona de los grandes lagos africana, donde han buscado hasta ahora a nuestros antepasados, están los estratos de los sedimentos de lagos de agua dulce, sin plegar y sin interrupciones desde la actualidad hasta hace unos cuatro millones de años atrás, pero eso no existe en otro lugar de la tierra con materiales más antiguos, así que no es fácil saber siquiera, dónde se puede ir a buscar restos de antepasados humanos más antiguos del Mioceno.
Dicho todo esto, ahora podemos volver a incidir con otros hallazgos que hasta ahora se han silenciado y que dan referencia de la existencia de seres humanos en el Mioceno, apoyando la autoría humana de esas huellas de Creta:
En 1.860, el profesor Carlos Ribeiro responsable del servicio geológico de Portugal, realizó unas excavaciones en el valle del estuario del Tajo, cerca de Lisboa. Encontró en terrenos del Mioceno, una colección de herramientas rudimentarias de sílex y cuarcita (que parece ser se conservan aún en el museo de Historia Natural de Lisboa).[1] 
Ribeiro, no fue el único que encontró restos de herramientas en el Mioceno, también el arqueólogo francés, Louis de Bourgeois las encontró en Thenay (Francia).[2]
En Asia, Fritz Noetling del departamento de investigaciones geológicas de la India, encontró también herramientas líticas en estratos del Mioceno en Burma.[3]
Al llegar los años del empuje evolucionista, algunos antropólogos, como Neri Delgado, sucesor en el cargo de Carlos Ribeiro, negaron la autenticidad de los hallazgos, alegando que, tanto en Portugal como en Francia, y también en la India, las herramientas se habían construido solas, por fracturas espontáneas producidas por los agentes meteorológicos.[4]
No importó en absoluto que el Antropólogo francés Gabriel de Mortillet, describiera el hallazgo del esqueleto de un hombre moderno en el Mioceno del sur de Francia.[5]
Parece que a algunos no les interesa hablar de estas cosas, pero la verdad acabará imponiéndose.

Ángel Luis Hurtado.
Semogil, 6 de Septiembre del 2017.


[1] - Ribeiro, C. “L’homme tertiaire en Portugal” – Congr. Int. d’Antrop. et d’Arch. Préhistoriques – Lisboa – 1.884, p. 81 – 91.
        - Ribeiro, C. “Description de quelques Silex et Quarzites tailles provenant des couches du terrain tertiaire et du Quaternaire des Bassins du Tage et du Sado. Lisbon” – Academia Real das Ciencias de Lisboa. – 1.871.
        - Ribeiro, C. “Sur des silex taillés, decuverts dans les terrains miocene du Portugal” - Congr. Int. d’Antrop. et d’Arch. Préhistoriques – Bruxeles – 1.872. p. 95 – 100.
        - Ribeiro, C. “Sur la position géologique des couches miocenes y pliocenes du Portugal” -  Congr. Int. d’Antrop. et d’Arch. Préhistoriques – Bruxeles – 1.872. p. 100 – 104.
[2] – Bourgeois, L. “Sur les silex considerés comme portant les margues d’un travail humain et découverts dans le terrain miocene de Thenay”- Congr. Int. d’Antrop. et d’Arch. Préhistoriques – Bruxeles – 1.872. p. 81 – 92.
[3] – Noetling, F. – “On the ocurrence of chpped flints in the Upper Miocene of Burma” – Records of the geological Survey of India – 1.894 p. 101 – 103.
[4] – Delgado, J.F. Neri – “Les silex tertiaires d’Otta” - Congr. Int. d’Antrop. et d’Arch. Préhistoriques – xª sesión – 1.889. p. 529 - 533.
[5] De  Mortillet – “Le Préhistorique” – París – C. Reinwald.

lunes, 12 de abril de 2010

El nuevo Australopithecus sediba- un poco más de "pan y circo"

Uno de los cráneos encontrados en sudáfrica, el nuevo Australopiothecus sediba. Imagen de: www.rtve.es

Apenas han pasado diez días del “nuevo homínido” de Siberia, y ya estamos con otro nuevo supuesto antepasado nuestro.
Todos los medios de comunicación se han dado buena prisa en cacarear la noticia, en resumen, han encontrado unos cuantos huesos de dos esqueletos de unos simios jóvenes de poco más de un metro de alto, que se han datado entre 1’8 y 1’9 millones de años, el equipo que los ha estudiado, se atreve a colocarlos en la evolución humana, entre el Australopithecus afarensis (Lucy, de la que ya comentamos algo), y los primeros hombres, concretamente el homo hábilis. Se atreven a decir que aunque los huesos de los brazos y las manos indican que se colgaba de los árboles, sin embargo eran bípedos, no nos dicen cómo han deducido esto último que es realmente lo más importante de todo. También nos dicen que sus cerebros tendrían unos 400 cm3. A estos dos simios los han clasificado con un nuevo nombre: Australopithecus sediba.
No voy a gastar mucho tiempo, porque el asunto no lo merece, si no fuera por el daño que está haciende toda esta fantasía.
1 - ¿Por qué cada nuevo esqueleto encontrado es una nueva especie, y nadie acepta una normal variabilidad dentro de los individuos de una especie?.
2 – Si lo colocan como sucesor evolutivo de Lucy, ¿por qué lo presentan como un eslabón de la evolución humana? Si la mayoría de los paleoantropólogos colocan a Lucy en otro linaje distinto al humano, que pasó a Australopithecus robustus y se extinguió.
3 - ¿Cómo están tan seguros de que eran bípedos?.
4 – Aún concediendo que fueran bípedos, cosa difícil de creer sin pruebas contundentes, ¿qué garantía hay de que un ser bípedo es un antepasado humano?, los canguros o las gallinas, son bípedos y nadie espera que se vuelvan humanos.
Australopithecus, Homo erectus y Homo sapiens. Imagen de: http://psicoanálisis.blogspot.com

5 - ¿Por qué siguen con la cantinela esa de la capacidad craneal, cuando en la actualidad hay seres humanos vivos con cerebros que van desde 700 a 2.000 cm3 y en todos ellos, su inteligencia no depende en absoluto de su capacidad craneal.
6 - ¿Por qué siguen dando palos de ciego y atontando al personal?, si hay señales inequívocamente humanas como las pisadas de laetoli (por citar un solo caso) desde hace más de tres millones de años según sus propias dataciones. ¿Cómo un antepasado evolutivo del hombre va a vivir un millón de años después que sus descendientes?.
7 – Pueden ustedes imaginar que si dicen que han encontrado los esqueletos de dos gorilas, no hubieran salido en la prensa ni en la televisión, ni conseguirían museos y subvenciones millonarias.
Ánimo, la intoxicación seguirá hasta que no se les derrumbe todo este montaje evolutivo.
Semogil 13 de Abril del 2.010.

lunes, 11 de enero de 2010

Lucy, ¿Una chimpancé fósil?

Supuestos australopithecus en laetoli, es curioso el modo en que han reconstruido a estos chicos si sólo tienen los huesos que han encontrado y que aparecen más abajo. Imagen de www.crystalinks.com
Esta “especie”, es a lo único a lo que todavía se agarran muchos paleoantropólogos, como si fuese el único eslabón disponible con algún argumento para justificar que ha habido un paso desde el simio al hombre. Pero la realidad está imponiéndose cada vez más, y muchas voces sensatas dicen que este Australopithecus afarensis es otra rama, que no es antepasado del hombre, aunque muchos, especialmente los que escriben los libros de texto y los libros y programas de divulgación “científica” pretendan hacer como las avestruces.
Veamos cómo eran esos Australopithecus afarensis, cuyos restos más famosos son, sin duda alguna, la apodada “Lucy”, de la que se ha escrito mucho.
· Su dentadura se parece a la de los chimpancés. [1] Mandíbula de Lucy, imagen de www.abebs.com
· Los cráneos encontrados están tan fragmentados que no se sabe bien si tenían cresta sagital. (como los gorilas actuales). Algunos lo dudan y otros lo afirman. [2]
· Las articulaciones de sus hombros eran del tipo de los simios, perfectamente especializadas para colgarse de los árboles. [3]
· Su hueso hioides (el que sujeta la garganta e indica la forma de la faringe y la capacidad de articular un lenguaje) era exactamente como el de los simios actuales. [4]
· Su caja torácica era como la de los simios. [5]
· Su cadera era como la de los simios. [6]
· Caminaban a cuatro patas apoyando los nudillos de las patas delanteras. [7]
· Las pocas falanges de sus manos y pies que se han encontrado, eran largas y curvadas como las de los simios. [8]
· Su capacidad craneal era como la de los chimpancés actuales. [9]


Fragmentos de cráneo encontrados de Lucy, imagen de www.a3bs.com
Ante todo esto, uno se sorprende de que alguien pueda ver en Lucy o en cualquier otro resto de Australopithecus afarensis algo humano. La clave está solamente en dos huesos fósiles:
El primero de ellos, es una articulación incompleta de rodilla encontrada en 1.973 en Hadar por Johanson (el descubridor de Lucy, y máximo defensor del bipedismo de los afarensis). El único argumento para defender que esa articulación de rodilla incompleta, parecida a una articulación de rodilla humana, pertenecía a esa especie, es que ha sido “datada” en 3’5 millones de años, y “oficialmente” en esa época, no había hombres. Y casualmente el esqueleto de Lucy no tiene completas ninguna de las dos rodillas y no se pueden comparar. [10]
El segundo, es el curioso fragmento del fémur de Lucy, parecido a un fémur humano. Su descubridor cuenta que cuando encontró el fémur, éste estaba rodado por la pendiente. [11] La cavidad en la que la cabeza del fémur debe encajar en la cadera de Lucy, está deformada y no permite enlazar correctamente los dos huesos.
Por más que hemos buscado, no hemos encontrado ninguna publicación que refleje que alguien haya hecho un análisis para determinar si ese fémur pertenece a Lucy o no, y es extraño, porque es un hueso que desentona en un esqueleto netamente simio, -curiosamente es el mismo hueso problemático del “Hombre de Java”- y no es posible conectarlo con el resto del esqueleto ni por arriba ni por debajo. Tampoco hemos encontrado ningún estudio radiográfico de las posibles marcas de las trabéculas interiores del fémur de Lucy, que indicarían las tensiones que soportaba el hueso y, con ello, la posición en la que trabajaba normalmente.

La cadera y los huesos problemáticos de Lucy. Imagen de www.a3bs.com
No podemos descartar la posibilidad de que la articulación de rodilla citada y el fragmento de fémur de Lucy, sean realmente humanos, y que Lucy sea una chimpancé fósil. Y en caso de que algún día se comprobase mediante análisis del tipo de los que hemos citado, que ese fémur y esa articulación son de A. afarensis, pues entonces tendríamos una prueba de que en aquella época existió un simio con una rodilla y un fémur bastante incómodos, porque no le hubiesen servido nada más que de molestia para andar apoyando en el suelo los nudillos de las patas delanteras, y saltar de rama en rama; porque hasta el anclaje de la columna vertebral de Lucy en su cadera, y la anchura de ésta, no es como en los humanos, lo que impediría que pudiese mantener el equilibrio adecuadamente estando erguida. [12] Pero claro, esto no es problema para que algunos que no piensan mucho, o que piensan demasiado, le atribuyan a los Afarensis las famosas pisadas de Laetoli.
Huesos recuperados de Lucy. Imagen de http://media_2.webbritanica.com
Es extremadamente significativo que nadie haya encontrado jamás un resto de chimpancé fósil, que curioso, han salido de la nada, cuando es evidente que estos afarensis son extremadamente parecidos a ellos, pero claro, un chimpancé fósil no da fama ni subvenciones, pero un antepasado del hombre si.
Lleven cuidado que a veces en algunos museos hay unas supuestas copias de los huesos de Lucy, en dónde aparece otra cadera, la rodilla entera, el cráneo reconstruido etc… Por eso hemos incluido las fotos de los restos que realmente se encontraron.
[1] Stringer, C. y Andrews, “La evolución humana” Edit. Akal 2.005 p. 122.
[2] Leakey, R. y Lewin, R. “Nuestros orñigenes” Edit. RBA. p. 130.
[3] Stringer, C. y Andrews, P. Op. cit. p. 119.
[4] Zeresenay, Alemseged. Nature 2.006.
- Vieira, Vanessa – “El Mundo” 21 de Septiembre del 2.006 – p. 34.
- Carbonell, E y Lorenzo, C. “El Mundo” 21 de Septiembre del 2.006 – p. 34.
[5] Leakey, R. y Lewin, R. Op. cit. p. 181.
[6] Schmid, P. “Eine Rekonstruktion des Skelettes von A. L. 288-1 (Hadar) und deren Konsequenzen” –
Folia Primatol, 40 – p. 283 – 306. – 1.983.
Stern, J.P. y Susman, R. L. “Origenes de la bipédie chez les hominides”. – Edit. CNRS:
París. 1.991 - p. 99 – 111.
[7] Richmond, B. G. y Strait, D. S. 2.005 p. 382.
[8] Stringer, C. y Andrews, P. Op. cit. p. 120.
[9] Sanvicens, A. “Toda la verdad sobre la evolución” p. 331.
[10] Johanson, D. y Eddey, M. “El primer antepasado del hombre” Edit. RBA. p. 172 – 177.
[11] Johanson, D. y Eddey, M. Op. cit. p. 22.
[12] Stringer, C. y Andrews, P. Op. cit. p. 120.
Semogil, 11 de Enero del 2.010

domingo, 27 de diciembre de 2009

El bipedismo, desde el simio arbóreo, al Hombre

Imagen de www.archeologia.com
No son pocos los científicos que prescinden de todas las demás peculiaridades de la “hominización”, y que sólo buscan el paso al andar bípedo: “De todos los criterios que se han propuesto, como cerebros más grandes, reducido dimorfismo sexual (diferencias entre los machos y las hembras), el andar bípedo, el espesor del esmalte dental y el aumento de los molares y premolares. Los dos primeros se pueden descartar de inmediato......... el único carácter que nos queda es el bipedismo, aunque debemos preguntarnos si es suficiente. ¿Podrían haber experimentado la locomoción bípeda algunos simios fósiles sin conexión con el hombre? ¿Los convierte esto en antepasados del hombre?”[1]

Es unánime la explicación de que esto sucedió como una respuesta adaptativa a uno o varios cambios climáticos, que fueron transformando la primitiva selva tropical en la actual sabana africana, por lo que algunos primates arbóreos se vieron obligados a cambiar su “hábitat”, y de entre todos ellos, hubo uno que, afortunadamente, justo en ese momento del cambio climático, sufrió una “mega mutación” que transformó por completo su anatomía y pasó de cuadrúpedo arbóreo a bípedo terrestre. [2]

Volvemos al truco de siempre: lo primero, es dar por cierto que los hombres venimos de los monos, y como nosotros somos bípedos y ellos cuadrúpedos, pues esto de pasar a ser bípedo, tuvo que suceder sin ninguna duda, y entre el concurso de posibles explicaciones, ésta es la que más ha gustado; pero vamos a ver si esto es una explicación científica, o una fantasía.

Comparación de la pelvis de chimpancé y de la pelvis humana, con referencia al canal del parto. Imagen de http://2.bp.blogspot.com/
En primer lugar vamos a ver lo que significa eso de adquirir la posición bípeda; para ello, vamos a partir del comentario que hace el famoso evolucionista S.J. Gould : “ El bipedismo no es un logro fácil. Requiere una reconstrucción fundamental de nuestra anatomía, particularmente del pie y de la pelvis. Más aún, representa una reconstrucción anatómica ajena al esquema normal de la evolución humana” [3]
Esa reconstrucción fundamental de la anatomía implica ineludiblemente entre otros muchos cambios que:
· El pulgar del pie tiene que cambiar su disposición, su tamaño y su función propia del pie prensil, a una disposición longitudinal al pie, para apoyar el impulso del paso y de la carrera.
· Todos los huesos del pie tienen que reorganizarse adquiriendo una forma arqueada (el “puente”) para facilitar el equilibrio.
· Las trabéculas del hueso del talón (el calcáneo), tienen que reorganizarse para la nueva disposición de fuerzas, así como todos los enganches óseos de los músculos y tendones del pie.
· La articulación de la rodilla ha de transformarse por completo.
· La cabeza del fémur ha de cambiar su ángulo de inserción en la cadera.
· La cadera ha de transformarse, casi por completo, para facilitar la articulación con el fémur y para posibilitar unos puntos de apoyo a los músculos del glúteo y de la pierna que han de realizar esfuerzos condicionados por nuevas palancas.
· La totalidad de las vértebras de la columna, y todos sus discos intervertebrales, han de transformarse para soportar fuerzas de compresión, en vez de fuerzas de cizalla y de tensión a las que estaba especialmente sometida en la vida arbórea.
· Las apófisis vertebrales han de reducirse al mínimo, pues su razón de ser, (soportar la tensión del arco entre los dos pilares que son las patas), ha desaparecido.
· Ha de modificarse el cráneo para equilibrar su peso en el eje que forman las vértebras cervicales, y para disponer los ojos en la posición adecuada a la nueva postura.
· Ha de modificarse por completo el órgano del equilibrio.
· Y no digamos nada de todas las modificaciones nerviosas y cerebrales necesarias para coordinar todas estas novedades.
· Etc.

Insistimos en una cuestión: ¿de qué le iba a servir, por ejemplo, a un mono, tener una rodilla bípeda si no tenía el pie preparado para andar así?. Y sostener que esos cambios han ido dándose paulatinamente a lo largo de millones de años, todos a la vez y coordinadamente, y encima por casualidad, es algo que, por su improbabilidad, roza lo irracional.
Esqueleto completo de un chimpancé - imagen de http://3.bp.blogspot.com/

Aún con lo absurdo que es esto, vamos a dar algunos argumentos más:

· Cada vez que se ha presenciado la devastación de una selva, bien por causas naturales o a consecuencia de la acción humana, los animales que vivían allí han perecido, o, si han podido, se han refugiado en otra zona de selva próxima. Jamás se ha oído que alguno de los animales que allí vivían, se convirtiese en otra cosa.

· ¿Qué ha pasado, entonces, con los periodos lluviosos y con las glaciaciones que han existido desde el Mioceno?, ¿se ha invertido la “tendencia evolutiva”, y algunos bípedos se han convertido en cuadrúpedos?.

· Lo curioso es que en la sabana viven algunas especies de monos, que alternan su estancia en el suelo con trepar a los árboles, como los monos verdes [4] y los mandriles, [5] y siguen siendo monos, tienen cola, y son cuadrúpedos arbóreos.

· Algunos defienden que ser bípedo era una ventaja para poder huir mejor de los depredadores, y que el tener las dos manos libres era algo muy útil para sujetar mejor a las crías. Que nosotros sepamos, las crías de todos los monos se agarran magníficamente a su madre, aunque ésta esté usando las cuatro extremidades y el rabo para moverse con enorme soltura entre los árboles. Y hasta los osos, que pueden andar bípedamente, y que se colocan en esta posición para imponerse, cuando quieren correr, lo hacen a cuatro patas, porque todos sabemos, y ellos también, que los cuadrúpedos corren más deprisa que los bípedos.

· Y puestos a buscar, hay muchos seres que ciertamente son bípedos, por ejemplo, los canguros y casi todas las aves; ¿por qué no plantear que el hombre se ha originado desde cualquiera de ellos, en vez de inventar un hipotético primate bípedo que nadie encuentra?. [6]

· Se suele confundir caminar con dificultad en posición erguida, con bipedismo. Por ejemplo, uno de los simios actuales, el gibón, baja poco al suelo, pero cuando lo hace camina erguido, un poco torpemente, con los brazos separados del cuerpo para mantener el equilibrio. [7] Y que nosotros sepamos nadie espera que se convierta en un hombre.


· Y Si esto del bipedismo, es lo único importante y no se puede demostrar, realmente poca cosa tienen, aparte de su convencimiento imperturbable de que el hombre desciende del mono.

· Y podemos compartir el comentario del paleoantropólogo paquistaní David Pilbeam: “Si fuéramos a ver a un científico especialista en otra materia, y le mostráramos la pobreza de las pruebas acumuladas, seguramente nos diría: -Olvídenlo; no basta para seguir adelante-“[8]

· Y sin ninguna prueba convincente, ahí lo tenemos en todos los programas televisivos y en todos los textos de supuesta biología: “es un hecho demostrado científicamente: el hombre viene del mono”, ¡qué cara más dura!.

[1] Stringer, Chris y Andrews, Peter: “La evolución humana” Edit. Akal p.144 – 2.005.
[2] Para lo que nos interesa ahora, es indiferente si ocurrió de golpe, como defenderían los “genetistas homeóticos”, o si sucedió gradualmente como defenderían los darwinistas ortodoxos, el caso es que, todos están de acuerdo en que en una, o en varias fases, esto es lo que sucedió.
[3] Goud, S.J. “El pulgar del panda” Edit Orbis – 1.985, p. 139. – citado por Sanvicens, A. “Toda la verdad sobre la evolución” p. 225.
[4] Leakey , R. y Lewin, R. “Nuestros orígenes”Edit. R.B.A. – 1.995; Cap. XIII.
[5] Leakey , R. y Lewin, R. Op. cit. Cap. VIII.
[6] Si alguno de ustedes está pensando en la famosa Lucy (Australopithecus afarensis), ya verá en la entrada siguiente, que a pesar de todo lo que hayan escuchado, no puede considerarse un antepasado del hombre por muchos motivos.
[7] Johanson, D. y Edey, M . “El primer antepasado del hombre” Edit. R.B.A. 1.990 – p. 350.
[8] Leakey, Richard, “La formación de la humanidad” Edit. B.B.A. – 1.993 - p. 52.

Semogil 27 de Diciembre del 2.009