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martes, 15 de diciembre de 2009

Las pisadas de Laetoli - ¿Quién pasó por allí?

Nativo de la antigua Nueva powerania en las Islas Salomón, imagen de: www.piedrasdeica.es

En 1.977, el equipo de Mary Leakey descubrió un rastro de huellas humanas en Laetoli, Tanzania, con una “antigüedad” de 3’7 millones de años, en estratos del Plioceno medio. [1] En todos los libros que encuentren, esas huellas son atribuidas a los ustralopithecus afarensis (Lucy), ¿por qué?. Pues porque existe la “hominización”, porque en la versión oficial, durante el Plioceno medio, no había hombres y lo único que había para echar mano, en aquella época eran los afarensis. Y de paso, se despejaban las “dudas” sobre si podían esos seres andar bípedamente o no. No importa que no se hayan encontrado los huesos de un pie de afarensis para poder reconstruirlo, ni, tampoco importa que anduviesen con los nudillos de las patas delanteras; no importa nada, conviene y eso es suficiente.

Las huellas se han quedado marcadas sobre unas cenizas que expulsó un volcán cercano. Esas cenizas eran muy ricas en carbonatos, por lo que con una ligera lluvia que cayó, se endurecieron con prontitud y el viento no las amontonó. Pasó primero un individuo que marchaba en dirección Norte; detrás de él, pasó otro individuo, con los pies más pequeños que el anterior, y que caminó durante todo el recorrido del rastro, colocando sus pies en el mismo lugar en el que lo había hecho el primero; a su lado, caminaba otro individuo más pequeño aún, que mantenía con armonía las mismas suaves sinuosidades del rastro, por lo que es fácil inferir que caminaba cogido de la mano del primero o del segundo individuo.

Hay también huellas de animales y de gotas gruesas de lluvia. Las huellas indican que los humanos que pisaron, tenían el dedo gordo y el contiguo igual que nosotros, y su modo de caminar era perfectamente humano. [2]

Vamos a hacer algunas observaciones desde la distancia y confiados en la información que tenemos sobre las huellas de Laetoli. Por supuesto que es sólo una especulación:
→ Vamos a considerar que esas pisadas son de seres humanos como nosotros, que es lo más evidente si se miran sin prejuicios evolucionistas.
→ Vamos a llamar al primer individuo, al más grande: el padre; a la que pisaba en sus huellas: la madre, y al más pequeño, al que iba de la mano de la madre: el hijo. Por supuesto que esto es una suposición que no se puede demostrar, pero facilita un poco las cosas que vienen a continuación, y al final se verá que no es muy “descabellada”.
→ El padre avanza el primero, decidido, con paso constante, en su dirección (caminó hacia el Norte) y en su amplitud (la longitud de la zancada es bastante uniforme). No olvidemos que cerca hay un volcán en erupción y, a diferencia de los animales, estos seres no huyen despavoridos ante un brusco fenómeno natural.

Pisadas de Laetoli, imagen de: http://4.bp.blogspot.com

→ Detrás de él, y siguiendo sus pasos, viene la mujer. El que haya caminado por el campo después de una nevada, comprenderá perfectamente a qué me refiero al decir que pisaba donde había pisado el padre, porque en ese sitio no había “sorpresas” ( no podemos pensar que lo hizo porque las cenizas estaban calientes, porque no hubiera dejado que su niño fuese quemándose y ella no); para andar de ese modo, y siendo más pequeña puesto que su pie lo era considerablemente, tenía necesariamente que forzar su paso, lo que indica una voluntad y una decisión, un plan y la capacidad de realizarlo con habilidad, porque no se sale de las huellas del padre en ningún paso.[3]
→ La posibilidad de que lo hiciese como “jugando a ver si era capaz”, indicaría un comportamiento igualmente humano, la conciencia del desafío interior, la voluntad, la perseverancia.
→ El niño camina de la mano izquierda de la madre, y está acostumbrado a andar de este modo, porque tiene que forzar el paso aún más que la madre, porque el número de huellas es el mismo que el de ella y que el su padre, y porque las suaves oscilaciones del rastro a derecha e izquierda, van en armonía con las de su madre.
→ Después de pasar los tres, una nueva capa de ceniza enterró el rastro hasta que fue descubierto en 1.977.

→ Lo que realmente importa es que no se puede defender que esas huellas las hicieron unos Australopithecus, son huellas humanas, indiferentemente de que sean las huellas más antiguas que tenemos de una familia, o las de tres amigos.

Ya está bien de que jueguen con nosotros hablándonos de varias especies de hombres que se han sucedido a lo largo del tiempo, evolucionando hasta llegar a nosotros, nadie ha definido los límites de variabilidad dentro de la especie humana, y para muestra la foto que encabeza esta entrada, vuelva a verla detenidamente, habla por sí sola, conviene que sepa que su cráneo hubiese sido clasificado sin duda como perteneciente a la especie homo erectus o a homo neanderthal, según los paleoantropólogos que lo hubiesen estudiado, después, piense un poco y responda a esta pregunta:
¿Pertenece ese nativo de las islas Salomón a la especie homo sapiens como usted y yo?

[1] Hay un relato del descubrimiento de las huellas en: – Johanson, D. y Edey, M. "El primer antepasado del hombre" Edit. R.B.A. p.270 – 276.
[2] Lovejoy, C. O. “The origen of man” Science 211 – 1.981 – p. 341 – 350.
[3] Si quieren entender a qué me estoy refiriendo, pueden hacer la prueba en la playa, o si no, pintar en el suelo con tiza las huellas de alguien más alto que usted, y luego intente pisar sobre ellas durante 24 metros al menos.
Semogil 15 de Diciembre del 2.009