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martes, 12 de enero de 2016

DE ESTE MODO NOS QUIEREN ENDOSAR SU VISIÓN DE LA VIDA Y DEL MUNDO.




 ASÍ ÉRAMOS HACE 47 MILLONES DE AÑOS

Con ese titular se publicó en la prensa Española hace seis años la presentación a los medios de comunicación de este fósil. Lo refiero, porque hace unos días encontré el recorte del breve artículo que daba cuenta del hallazgo, lo acompaña un breve texto que trascribo:
Del tamaño de un gato y con una larga cola que le ayudaba a trasladarse de rama en rama. Así era este prosimio, bautizado “Ida”, nuestro antepasado más remoto. El fósil, extraordinariamente bien conservado gracias a que el cadáver quedó hundido en el fango de una laguna en Darmstad (Alemania) hace 47 millones de años, es 20 millones de años más antiguo que el primer fósil de la línea de los primates conocido.


Darwinus masillae (specimen PMO 214214) foto de Jens Franzen

El equipo que lo presentó ayer en Nueva York se mostró “excitado” por este descubrimiento que calificaron de “auténtico eslabón perdido” que conecta nuestra especie con los demás mamíferos surgidos del Eoceno.
Vamos a comentar unas cuantas cosas sobre este fósil y también sobre el modo en que algunos intentan mantener e imponernos su visión del mundo y del hombre.
Este fósil lo encontró en Alemania, en 1.983, un paleontólogo aficionado. Para sacarle más beneficio, dividió los huesos en dos grupos y los vendió por separado, una parte a un coleccionista privado norteamericano y la otra al Museo de Historia Natural de la Universidad de Oslo. La noticia que comentamos, da cuenta de la presentación en Nueva York de una reconstrucción del fósil completo, tras haber estudiado los dos conjuntos de huesos, los investigadores principales fueron Jorn Hurum de la Universidad de Oslo, y J. L. Francen del instituto de investigación Senckenberg de Frankfurt.[1]


                                           Pata delantera del fósil.

En su artículo comentan que las extremidades anteriores son simiescas, pero que la extremidad posterior conservada, muestra el pulgar opuesto, lo que lo coloca en el árbol evolutivo como nuestro antepasado más remoto.
Veamos la cosa con tranquilidad:

PRIMERO: Es más sensato pensar que los restos pertenecen a un lémur fósil como el de la fotografía, que fue como se clasificó el fósil desde un principio. Pero claro, encontrar un fósil de lémur no te hace salir en la prensa, es mucho más interesante encontrar un antepasado humano.
Los lémures son unos primates que sólo viven en la actualidad en la isla de Madagascar. Nos dicen que llegaron allí desde las costas africanas montados en unas balsas naturales formadas por la vegetación que arrastran los ríos en las tormentas, exactamente del mismo modo que otros primates llegaron desde África a América del Sur. Es curioso que defiendan que unos monos pueden atravesar el Atlántico en un tronco de un árbol, sin agua ni víveres, y que a la vez digan que el ser humano tuvo que esperar hasta hace unos 15.000 años, a un periodo interglacial para pasar desde Asia hasta Alaska y colonizar así América. A pesar de que se han encontrado en México herramientas líticas de hace 45.000 años.
 
No resulta extraño que se pueda encontrar un Lemur en Alemania en los sedimentos de un lago del Eoceno. Ya se han encontrado fósiles de Lemur en el Oligoceno de Pakistán,[2] y en el Eoceno en Egipto y Libia.[3]


                                                                                                                                                                                                                                                 Imagen de:  finearteamerica.com
 
SEGUNDO: En vez de clasificar el fósil en alguna de las especies de Lemur (en la actualidad según los taxónomos, han clasificado los lémures en 50 y algunos hasta en 100 especies distintas, todos en Madagascar, los han clasificado en especies distintas por el color del pelo y diferencias de ese tipo), para no dejar dudas de sus intenciones, lo han clasificado como un nuevo ser y le han dado un nombre nuevo en género y en especie, y le han puesto Darwinus masillae, en honor de su ídolo Darwin.
TERCERO: Lo clasifican de “nuestro antepasado más remoto” y se refieren a él como “Así éramos hace 47 millones de años”. Todo ello, cuando ellos mismos están afirmando que en el Eoceno no existía la especie humana, entonces ¿Por qué dice: éramos?. Del mismo modo se puede preguntar ¿por qué dan por cierto que descendemos de un primate?, a fuerza de repetir un slogan, lo entienden como una verdad comprobada.
CUARTO: Como saben que la hipótesis evolutiva flojea especialmente en lo único que puede probar su validez, en los fósiles, se congratulan y nos presentan este fósil como uno de los “eslabones perdidos”. Curiosamente apenas hay ninguno y los que nos han presentado en otra ocasión, como el arqueoptherix, ya se demostró que era una falsificación y que además de ello, no puede ser la prueba  del paso de dinosaurio a ave, porque hay restos de aves en la Patagonia 70 millones de años más antiguos que el arqueoptherix. Así pues, este nuevo “eslabón perdido” ahora encontrado no resistirá mucho tiempo, En principio, el hecho de ser una reconstrucción de huesos que han sido removidos, separados y vueltos a reunir al cabo de los años, hace fácil disponerlos de modo conveniente para tus intereses.

                                        Pata trasera del fósil.

QUINTO: En la ampliación de la foto, de la pata delantera del lémur fósil (es la que aparece dos fotos más arriba, encima del Lemur) tiene unos dedos prensiles como los primates, y el pulgar dispuesto longitudinalmente como los demás dedos. En la ampliación de la única pata trasera que se observa, se ve un pulgar inusitadamente largo y que está colocado formando un ángulo abierto con el resto de los dedos. Se puede observar perfectamente que las falanges del pulgar son curvas, como es propio de los animales que se agarran a las ramas de los árboles. Normalmente el pulgar en estos animales está colocado en la misma dirección del resto de los dedos para no fracturárselo al saltar de una rama a otra. Es pues inaudito que el pulgar en vida de ese animal tuviese esa posición. Puede haber sido colocado así, o puede ser el pulgar de la otra pata que no aparece. En cualquier caso ese detalle es en lo que se fundamentan para colocarlo como antepasado nuestro. Lo más curioso, que hace que esto parezca una broma, es que el ser humano tiene el pulgar opuesto a los demás dedos en las manos, y este primate tiene los dedos de las manos paralelos, y el ser humano tiene los dedos de los pies con el pulgar en la misma dirección que el resto de dedos, mientras que es ahí, en la pata trasera donde ven el pulgar opuesto en el lemur fósil, tendrán que explicar como se ha cambiado de estremidad la cosa. Lleve cuidado, no se disloque el pulgar y lo tomen por un primate.
SEXTO: Si tenemos que sacar conclusiones sobre la posición de los dedos por la postura de los huesos en el esqueleto fosilizado, saquen ustedes mismos las conclusiones de cómo era la otra pata delantera de este lémur fósil por la disposición de los huesos:

                                                       Pata delantera izquierda del fósil

SEPTIMO: Es cuanto menos curioso que se haya presentado el fósil con esa interpretación en el Museo de Historia Natural de Nueva York, porque los cinco profesores que lanzaron el neodarwinismo a mediados del siglo pasado, eran profesores de la Universidad de Columbia y colaboraban también      con dicho museo. Todo está elaborado y mantenido desde allí.      

Y OCTAVO: La última frase del artículo del periódico afirma: “…los mamíferos surgidos del Eoceno”. Nadie puede afirmar cuando ha aparecido una especie ni una familia o un grupo cualquiera de organismos, lo único que podemos afirmar con seriedad es la edad del fósil más antiguo encontrado hasta ahora. Y en el caso concreto que se menciona de los mamíferos, ya se han encontrado madrigueras de mamíferos en el Triásico en la Antártida, 150 millones de años más antiguas que el Eoceno. Todo lo que se dice en el artículo, son slogan sin ninguna base real, “consignas de manifestación” para adoctrinar al público inocente que no tiene argumentos para defenderse. 

Semogil de arriba, 11 de Enero del 2.016
Ángel Luis Hurtado


[1] Franzen, J.L.; Gingerich, P.D.; Habersetzer, J.; Hurum, J.H.; Koenigswald, W., von; Smith, B.H. 2009: Complete primate skeleton from the Middle Eocene of Messel in Germany: morphology and paleobiology. PLoS ONE, 4(5): e5723. doi: 10.1371/journal.pone.0005723 [electronic only publication, but name available from a print run of this article published separately on 21st May 2009].

[2] L. Marivaux et. al. A fossil Lemur from the Oligocene of Pakistan, Science 587, 294 (5542), 587-591. 2.001.
[3] J.J. Jaeger et al. Late middle Eocene of epoch of Libya yields earliest known radiation of African antropoides, Nature 467 (7319) 1095-1098. 2.010.

lunes, 8 de noviembre de 2010

Unas cuantas observaciones para poder entender mejor a Darwin y a los fervorosos evolucionistas


Curiosa imagen, parece Darwín pidiendo guardar un secreto, Imagen de: martin-pacheco.com

No podemos entender adecuadamente los ensayos de Darwin sobre el origen de las especies y sobre el origen del hombre, ni dar debida razón de la expansión de sus ideas, si no encuadramos los libros en su contexto. Para ello, voy a recurrir a una analogía que podrá parecer exótica a algunos, pero si la consideran por un momento, observarán que se muestra muy significativa.
Los seres humanos conocíamos de los planetas del sistema solar hasta Saturno, el ojo humano, los aparatos ópticos usados en la antigüedad, y los telescopios de Galileo o Kepler, no fueron capaces de localizar -descubrir- la existencia de otros planetas en el sistema solar.
El nombre que recibe un nuevo astro, le es impuesto por su descubridor, por lo que no cabe concebir un plan personal humano a través de los siglos.
En 1.781, el astrónomo Guillermo Herschel, descubrió un nuevo planeta más alejado del Sol que Saturno, y le llamó Urano. Ocho años después, Klaproth, descubre en unos raros minerales la existencia de un elemento hasta ahora desconocido, el que más materia contiene, y le llamó Uranio. Justo en ese mismo año, 1.789, tuvo lugar la revolución francesa, en la que –como en todas las demás revoluciones- unos listillos engañaron y utilizaron al pueblo para eliminar a los que mandaban, y ponerse ellos en su lugar. Pero mucho más importante que eso fue la profanación de la catedral de París, la imagen de Nuestra Señora “Notre Dame” fue arrojada al Sena, y una prostituta famosa, ligera de ropa, fue entronizada en el camarín de la Catedral, y ante ella se “ofició” una ceremonia de lo que llamaron el nuevo culto, en el que rindieron homenaje en la persona de la prostituta, a la que llamaron “diosa razón”.

Grabado de la diosa razón. Imagen de: hermetismoymasoneria.com

Otro argumento para mostrar lo que planteo, es la primera asamblea constituyente del parlamento francés, uno podría pensar que se reunieron para repartir entre el pueblo todo lo saqueado de los palacios del rey y de la aristocracia recién guillotinada, pero no fue así, la primera votación del parlamento francés tras la revolución, fue para decidir por mayoría, si Dios existe o no, y como es evidente, decidieron que Dios no existe.
Es significativa la coincidencia en el tiempo y la analogía entre el significado de la revolución francesa y del relato mitológico de Urano. Éste, siendo el hijo menor de Cronos (el cielo) y de Gea (la tierra), -del mismo modo que Francia era conocida como la niña predilecta de la Iglesia- a instancias de su madre Gea, corta los testículos a su padre, corta el lugar del que él proviene; del mismo modo, los líderes revolucionarios, arrastrados por su faceta más terrestre, cortan con el cielo, cortan con el lugar del que provienen, la cristiandad, rompen con el cielo, colocan como techo del hombre su capacidad de razonar; el hombre terrestre, se impone al hombre celeste.
Viendo las cosas así, se entiende mejor que algunos digan que el gobierno actual de España es el último coletazo de la revolución francesa.
Pasaron unos años y claro, fue un francés, el que usando su razón, por cálculo matemático de las perturbaciones que sufría Urano en su órbita, el que dedujo la existencia, descubrió y puso nombre al planeta Neptuno en 1.846. Neptuno, poderoso Dios de las profundidades marinas, de ese mundo desconocido al que no llega la luz.
Occidente descubre Neptuno y comienzan una cascada de acontecimientos que impelen al hombre a dejar de mirar al cielo, incluso a seguir los dictados de la razón y lo ponen a mirar a lo más ruín de sí mismo, al hombre sin luz, sin la luz del Espíritu Santo.
Para empezar, ese mismo año del descubrimiento de Neptuno, se reúnen en Berlín, en casa del físico Gustaf Magnus, varios científicos, casi todos alumnos de Johannes Müller, y con la intención de hacer de la fisiología una ciencia exacta, se comprometen bajo juramento para colaborar expandiendo la verdad, según la cual, en los seres vivos no actúan más fuerzas que las debidas a las propiedades físicas y químicas de los elementos que los componen.
Qué curioso, no pudieron percibir lo absurdo de su posición, ¿cómo puede deberse a las fuerzas físicas de los átomos de carbono, oxígeno o silicio, el que unos seres humanos se comprometan bajo juramento a algo?, eso es una decisión espiritual. Ciegos que no ven y son guías de otros ciegos.
Marx escribe el capital, condena la Caridad -máxima expresión del amor al prójimo- como arma anti-revolucionaria, y enardece el resentimiento y el odio de los oprimidos. Se reúne la primera internacional. Darwín, que -no lo olvidemos- estudió teología, no biología, escribe sus libros, arrancando del hombre su origen divino y colocándolo en el mundo biológico, como un animal más. A continuación, S. Freud inclina la mirada el hombre hacia su subconsciente, convirtiendo la virtuosa lucha contra las pasiones en una causa de trauma.


La nueva brujería. Imagen de: eltarotdeana.com
Se funda en América la sociedad Teosófica, encargada de expandir por todo occidente las artes ocultas, la adivinación, el tarot, la güija, y los cultos satánicos. Y para rematar la faena, el filósofo alemán F. Nietzsche, pone el epitafio: “Dios ha muerto, viva el hombre”.
Como vemos, lo acontecido en Francia cuando se descubrió Urano, puso los cimientos de los que aconteció en todo Occidente con el descubrimiento de Neptuno, y todo junto, propició los sucesos que acompañaron al descubrimiento del siguiente planeta del sistema solar: Plutón, dios de los infiernos, que raptó de la tierra a Proserpina, la primavera.

Explosión nuclear. Imagen de: seminandoanosdepois.wordpress.com

En 1.930 el estadounidense Clyde W. Towbaugh, descubre el planeta Plutón, justo en los albores de la gran depresión, a la que siguió la segunda guerra mundial y los campos de exterminio nazis. En 1940, se consigue artificialmente un elemento radiactivo al que llaman Plutonio. Se lanzan las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki. El hombre muestra una deshumanización brutal, único resultado posible si es despojado de su relación filial con Dios.
En este contexto es en el que interpreto a Darwin y todo lo referente a la evolución, que no pasa de ser un intento -con barniz científico- de apartar al hombre de lo que le es más esencial y convertirlo en un animal.
Estoy completamente de acuerdo con Fra Jaki cuando escribe: “Entienden la evolución como un proceso al azar, sin un fin, pero cuyo resultado final es un ser, el ser humano que absolutamente todo lo que hace, lo hace con un fin. De este modo la evolución niega el fin con un fin. Apoya todo lo que favorece el materialismo, ciertamente, no es ciencia, es antimetafísica”.[1]
[1] Citado por el Cardenal Christoph Schönborn en su libro “Caso o Disegno?” edit. Studio Domenicano. Pág: 153.

domingo, 13 de junio de 2010

El gradualismo y el asunto del ojo



Esquema del ojo humano. Imagen de: www.fisicanet.com


La complicada sofisticación del ojo y de todo el sistema de visión que lo acompaña, preocupaba ya a Darwin; él mismo mencionó el problema de la visión, comentando que a veces “le quitaba el sueño”. En las primeras ediciones de su libro “El origen de las especies”, haciendo alarde de sinceridad, escribió:
“Si se pudiera demostrar la existencia de cualquier órgano complejo que no se pudiese haber formado mediante numerosas y leves modificaciones sucesivas, mi teoría se desmoronaría por completo”.
Más tarde, en la sexta edición de su libro, considerada como la “definitiva”, Darwin, ya mas envalentonado al conocer las publicaciones de Haeckel y otros colegas que lo apoyaban, cambió completamente de perspectiva y escribió:
“Parece absurdo de todo punto –lo confieso espontáneamente- suponer que el ojo, con todas sus inimitables disposiciones para acomodar el foco a diferentes distancias, para admitir cantidad variable de luz y para la corrección de las aberraciones esférica y cromática, pudo haberse formado por selección natural......Pero la razón me dice que si se pueden demostrar que existen muchas gradaciones desde un ojo sencillo e imperfecto a un ojo complejo y perfecto, siendo cada grado útil al animal que lo posea, como ocurre ciertamente; si además el ojo alguna vez varía y las variaciones son hereditarias, como ocurre también ciertamente, y si estas variaciones son útiles a un animal en condiciones variables de la vida, entonces la dificultad de creer que un ojo perfecto y complejo pudo formarse por selección natural, aun cuando insuperable para nuestra imaginación, no tendría que considerarse como destructora de nuestra teoría”. [1]
Es evidente que el señor Darwin era un maestro de la retórica, así que si lo hemos entendido bien, si somos capaces de encontrar entre todos los seres vivos, distintos tipos de ojos desde lo que se pueda entender como órgano de visión “sencillo”, hasta lo que pueda ser nuestro ojo “complejo”, ya queda demostrado que nuestro ojo ha surgido por una serie de modificaciones o “fallos ventajosos” a partir de ese órgano de visión sencillo. Pues pese a lo evidentemente absurdo que es sacar esa conclusión a partir de esas premisas, no han faltado eminentes científicos que han establecido, siguiendo la idea de Darwin, esa lista de “antepasados” de nuestro ojo. [2]
Todos ellos parecen estar de acuerdo en que el órgano visual más sencillo es el que posee la Euglena, [3] que es un tipo de protozoo flagelado, a veces confundido con un alga. Vive en el agua dulce y tiene un orgánulo fotosensible que le permite orientarse hacia la dirección desde la que le llega la luz.
· En primer lugar, no parece posible comprobar qué ventaja le ha supuesto a la Euglena tener ese orgánulo, pues sigue viviendo tan tranquila junto a otras algas y a otros protozoos que no poseen ningún orgánulo fotosensible.
· En segundo lugar habría que demostrar que la Euglena vivía en los remotos tiempos en los que comenzó la vida, y comprobar que ya tenía ese orgánulo fotosensible.
· En tercer lugar habría que explicar por qué no ha evolucionado desde entonces.
· Y en cuarto lugar, habría que demostrar cómo se puede pasar de ese orgánulo a nuestro sofisticado ojo, con su cristalino, su iris, su retina, su pupila, sus lagrimales, sus párpados, sus pestañas, sus fotoreceptores, sus músculos para el enfoque, sus nervios ópticos, sus mecanismos cerebrales para la interpretación de las imágenes, las arterias que lo irrigan todo, etc. etc. Y contestar que “es posible con el paso de millones de años”, no es contestar nada, es sólo usar una evasiva.
Imagen de: http://laimagendeuninstituto.blospot.com

■ EL OJO DE LOS TRILOBITES

Vamos a comentar el caso del ojo de los trilobites y con ello, damos por zanjado este asunto. Se podrían escribir millones de páginas para desmontar la hipótesis del gradualismo, pero estimamos que con lo que hemos dicho ya y con este ejemplo es suficiente.
Los trilobites son considerados como los primeros animales altamente organizados que poblaron los mares primitivos, sus restos fósiles son bastante abundantes y están bien estudiados. Los más antiguos aparecen al inicio del periodo Cámbrico, y fueron muy abundantes hasta al menos el Pérmico, prácticamente durante toda la era Primaria.
Es pues de esperar, que habiendo aparecido tan prematuramente en la tierra, su sistema de visión fuese bastante “sencillo”, según las teorías darwinistas, pero la realidad una vez más, parece que no encaja. Veamos lo que se sabe del “primitivo” sistema de visión de los trilobites. Para ello, resumimos la bien documentada exposición que hace de este tema el señor G. Rattray. [4]
Los trilobites que pertenecen a los artrópodos, tienen unos ojos que consisten en un haz de columnas, cada una de ellas con su lente en la parte superior, y su fotoreceptor en la parte inferior, y todo el haz está protegido por una córnea. Las columnas no son del todo paralelas, sino que se abren en abanico, dirigidas cada una en una dirección; el conjunto no produciría una imagen como las que forma nuestro ojo, cada columna produce su propia imagen. Se han podido contar en algunos ojos de trilobites fósiles hasta 770 columnas.
En 1.973, Keenneth Towe[5] publicó un interesante estudio en el que manifestaba que los ojos de los trilobites consistían en cristales de calcita con forma de columna, alineados con exquisita precisión. Desmontó el ojo de un fósil y pudo comprobar con el microscopio que según la columna que enfocase, producía una imagen clara y nítida pero que variaba de una columna a otra, cada una de ellas “enfocaba” a una distancia distinta, lo que permitía al trilobites tener simultáneamente un conjunto de imágenes nítidas de todo lo que lo rodeaba, desde lo que estaba a varios milímetros de su ojo hasta lo que estaba en la lejanía.
Hasta ahora se había supuesto que esos cristales de calcita que “rellenaban” el ojo del trilobites eran resultado del proceso de fosilización, pero como comprobó Towe, en otros artrópodos fósiles más modernos, cuyos ojos han aparecido rellenos de cristales de calcita, éstos estaban dispuestos sin ningún orden, y no dejaban pasar la luz. Para que un cristal de calcita deje pasar la luz, es imprescindible que el cristal esté exactamente alineado con la dirección del rayo de luz que penetra en él, de lo contrario el rayo de luz comienza a rebotar en las paredes y se descompone en varios colores. Pero en el ojo del trilobites, cada cristal de calcita transmite la luz con la transparencia del cristal. Así, Towe demostró, con varios casos, que los cristales de calcita de los ojos de los trilobites eran su forma de ver, no un resultado de la fosilización. Pero no queda ahí la cosa.
El ojo de un trilobites fósil. Imagen de: http://photos2extreblog.com

En ese mismo año 1.973 tuvo lugar en Oslo una Conferencia Internacional sobre trilobites. Allí, R. Levi-Setti[6] comentó todo el asunto del ojo de los trilobites con el profesor Clarkson, el cual, de vuelta a la universidad de Edimburgo donde trabajaba, comenzó a darle vueltas hasta que encontró en el “Traité de la lumiere” de Christian Huyghens publicado en 1.690, la descripción de una lente aplanética[7] que no produce aberración esférica, que era semejante a los dibujos de la córnea de los ojos de los trilobites que le había dejado Levi-Setti.
Despues, Clarkson encontró en “La geometría” de Descartes, publicada en 1.637, otros dibujos de otro modelo de lente para corregir las aberraciones, distinto al de Huyghens, pero que coincidía con los dibujos que tenía de la segunda lente (la que está colocada en la parte superior de cada columna de calcita) de los ojos de los trilobites.
Así pues concluyó el señor Clarkson:[8] Los trilobites al principio del Cámbrico, ya habían resuelto el problema de la aberración de las lentes, el delicado problema del enfoque a distintas distancias, habian introducido en sus ojos los modelos de Descartes y Huyghens, aplicado el principio de Fenat, la ley de Abbé, las leyes de refracción de Snell y toda la óptica conocida de los cristales birefringentes.
Parece suficiente.
No podemos dejar de nombrar el ojo de los Camarones que vivían con los trilobites en los mares de la era Primaria y que estaban formados por un sofisticado sistema de espejos que recuerda el lector del código de barras que suele estar empotrado en el mostrador de la caja de los actuales supermercados. [9]


[1] Ch. Darwin. “El origen de las especies”. Espasa Calpe 1.988 pág. 230.
[2] H. Hass. “Del pez al hombre”. Salvat 1.987. pág. 48 – 58.
Sir G. De Beer. “Atlas de la evolución”, Nelson. Londres 1.964.
Dawkins
[3] Sobre el órgano fotosensible de la Euglena, vease: Diehn y Tollin, Univ. Arizona. Atome – 249, Diciembre 1.967.
[4] G. Rattray. “El gran misterio de la evolución” Edit. Planeta 1.983. pág. 94 – 97.
[5] Towe, Kenneth, “Los ojos de los trilobites: lentes calcificadas en vivo”, Science – 179, - 1.007 – 1.973.
[6] Ricardo Levi-Setti, “Trilobites: a photographic atlas”. Univ. Chicago Press – 1.975.
[7] Se llama aplanética a una lente con una concavidad tal que todos los rayos luminosos que proceden de un mismo punto, al traspasar la lente van a reunirse en un mismo foco, sin ninguna distorsión ni aberración.
[8] E.N.K. Clarkson, “Invertebrate Paleontology”, Allen and Unwin, Londres, 1.979.
[9] G. Rattray. op. cit. pág. 97 – 100.ç
Semogil 13 de Junio del 2.010 - festividad de San Antonio de Padua.

viernes, 29 de enero de 2010

¿Qué es un paradigma?


Este curioso libro a caballo entre la ciencia, la filosofía de la ciencia y la filosofía, es de lectura amena, está profusamente documentado, y trata especialmente de todas las corrientes que hay dentro del evolucionismo, de las hipótesis sobre el origen de la vida en la Tierra, y de los principales aspectos del evolucionismo. El autor, acepta que la evolución es un hecho, pero al mismo tiempo, cuestiona seriamente muchas de las explicaciones del neodarwinismo.

Tiene 444 páginas, es del año 2.004, y tiene como subtítulo: “La crisis del paradigma darwinista”, y es por esto por lo que lo traigo al blog, no es que esté de acuerdo con todo lo que plantea, pero es un muy buen libro, y lo recomiendo, porque explica algunas cosas muy bien, como por ejemplo ¿qué es un paradigma?.

Voy a copiar una cita tomada de las páginas 10 y 11:

“Los paradigmas son realizaciones científicas universalmente reconocidas que, durante cierto tiempo, proporcionan modelos de problemas y soluciones a una comunidad científica. El paradigma unifica las diversas especialidades que forman parte de la comunidad de investigación y guía la investigación en todas ellas…

Elevados al rango de Dogmas, esos paradigmas orientan la investigación y determinan el marco en cuyo interior van a ser interpretados los resultados. Si sobreviene una anomalía, todos se esfuerzan por reducirla para poder hacerla encajar “en la caja preformada a inflexible que suministra el paradigma”…

Así, la ciencia normal, contrariamente a lo que afirma Popper en “La lógica del descubrimiento científico”, no procede por conjeturas y refutaciones, sino por la acumulación de teorías destinadas a reforzar el paradigma desde el momento en que se implanta. Sin embargo, ciertas anomalías se “resisten” a ser asimiladas pese a los esfuerzos de los científicos. El paradigma en vigor entra entonces en crisis y la ciencia convertida en extraordinaria, ve a sus agentes constreñidos a rechazarla para sustituirla, tras un periodo de relativa confusión, por un nuevo paradigma susceptible de dar cuenta satisfactoriamente de los fenómenos considerados “anormales” en el sistema anterior”.

A juicio de cada uno, queda el valorar en qué punto se encuentra en la actualidad el paradigma evolutivo.
Semogil 29 de Enero del 2.010

domingo, 8 de noviembre de 2009

¿Qué es la esencia?

Imagen tomada de www.windows.ucar.edu
El subtítulo de este blog, habla de la estabilidad de la esencia específica. Este es un asunto simple, pero no sencillo.
¿Qué es la esencia?.
Evidentemente no me refiero a aquello que llamamos esencia de romero o de lavanda, que es un aceite aromático que contienen algunas plantas. Me refiero al término metafísico “esencia”.
La esencia es lo que hace que una cosa sea lo que es, y no otra cosa.
“La reunión de la esencia y de la materia, constituye la naturaleza de los seres”[1]
La esencia es lo que da la forma a la materia, la que la informa; en los seres vivos, la esencia es el alma,[2] alma vegetativa para las plantas, alma sensitiva para los animales y alma racional para el hombre.
La naturaleza humana, no es su esencia, su alma. La naturaleza humana es el conjunto de alma racional y cuerpo. Entendiendo que el alma racional ha recibido el don de ser espiritual.
En la actualidad está muy difundida la creencia errónea de que el alma, lo que informa la materia, son los genes, esto se puede esclarecer de varios modos, algunos de ellos son:
El primero es indicando que los genes están formados por moléculas de ADN, y estas a su vez por átomos de elementos, por lo tanto son materia, y la forma es algo inmaterial, algo que no se puede “producir”, ni dividir.[3]
El segundo es indicando que los genes en sí, no servirían de nada sin el código genético y sin su exquisito y ordenado “programa” de activación y desactivación. Y el código genético es una entelequia, no es algo material, y el “programa” exactamente igual. [4]
Y el tercero indicando que conforme se avanza en el conocimiento de los genomas de los distintos seres vivos, más se comprueba por ejemplo, que los genes de los mamíferos son muy parecidos, que están organizados con el mismo orden etc… Y de genomas parecidos, salen ratones, elefantes y humanos, luego los genes son importantes, pero en absoluto “dirigen” la formación de un nuevo ser vivo.
Es la esencia de los seres, lo que hace que sean lo que son y no otra cosa, y nos permite reconocerlos. Es posible considerar, sin confundirlas, además de la esencia de cada individuo, la “esencia específica” ya que los seres vivos surgen por generación a partir de sus padres, hay algo que hace que los perros sean perros y los loros, sean loros; y ese “algo” es compartido por todos los miembros de la especie, independientemente de los distintos o parecidos que sean los individuos considerados morfológicamente, baste el caso de los perros, a los que hemos forzado a reproducirse seleccionando múltiples razas, pero todos ellos son perros.
Hay que afirmar que el ser humano por su inteligencia está capacitado para conocer la realidad de las cosas y de los seres.
Pues bien, todo esto que hasta aquí hemos simplemente esbozado, es lo que Darwin pretende destruir, pues al final de su libro “el origen de las especies”, escribió: “ Tendremos que tratar a las especies del mismo modo en que los naturalistas tratan a los géneros cuando admiten que son combinaciones meramente artificiales hechas porque así conviene. Quizá no es esta una perspectiva consoladora; pero cuanto menos nos libertaremos de ese buscar en vano la esencia, ni descubierta ni posible de descubrir, del término especie”.[5] Para él, la esencia no existe, y la especie tampoco, es un invento humano.
Continuaremos profundizando en este asunto.
[1] Aristóteles - Metafísica, libro V – c. IV.
[2] Cf. Giovanni Reale “Introducción a Aristóteles”. P.53 ss. edit. Herder – 2.007
[3] Aristóteles – Metafísica, libro VII – c. VIII.
[4] N. López Moratalla y M.J. Iraburu Elizalde “Los 15 primeros días de una vida humana” p. 38 – Edit. Eunsa.
[5] Ch. Darwin – “El origen de las especies” p. 557 - Edit. Akal - 1985
Semogil 8 de Noviembre del 2.009