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martes, 25 de enero de 2011

EL ORIGEN DE LAS RAZAS HUMANAS - 4



Caballero Hindú. Imagen de: Elabrazodeloso.foroactivo.com

¿CÓMO SE HAN ORIGINADO LAS TRES GRANDES RAZAS HUMANAS?.

De las preguntas que nos hicimos en la primera entrada de esta serie, ésta es la pregunta más difícil de contestar, porque desentrañar el mecanismo, supone desentrañar una parte importante de la esencia de la naturaleza humana. Voy a intentar acercarme discretamente.
Se ha intentado explicar esta diversificación, atendiendo al consabido argumento evolutivo de mutaciones al azar y aislamiento geográfico de las poblaciones durante muchos milenios.
En cuanto a las mutaciones, vuelvo a insistir en que los genes contienen información para montar proteínas, no planos o diseños de seres, y a las pruebas me remito, todos los intentos que se han hecho hasta ahora de encontrar en los genes la respuesta, han sido desalentadores, no sólo hay personas con los cuatro grupos sanguíneos en las tres grandes razas, lo mismo ocurre con cualquier gen que se quiera comparar, varían los porcentajes, pero no hay manera de encontrar algún gen que sea específico de una raza, lo que ha llevado a decir un experto en este tema que: “la ascendencia biogeográfica basada genéticamente, asignada a cualquier persona, será ampliamente distribuida y estará acompañada de incertidumbres considerables (Pfaff et al., 2004).
Por ejemplo, los genes correspondientes a la melanina, la tiroxina y la tirosinasa, tres biomoléculas que intervienen en la producción y regulación de la cantidad de melanina, son semejantes en personas de raza negra y personas de raza blanca. El color de la piel no responde a los genes, sino a cómo y cuanto se expresan. Los fervientes evolucionistas apuntarán que hay otros “genes reguladores” que son los que regulan la producción o inhibición de esas sustancias mencionadas, y si se les aprieta dirán que existen otros genes que regulan la activación de los genes reguladores, y así de causa en causa se remontarán hasta que nos quede paciencia para escucharlos, porque si fuera tan simple como ellos plantean, sería tan sencillo como inyectar uno de esos genes reguladores al hijo aún no nacido de un matrimonio extremo oriental, y su niño sería negrito, y no sólo de piel, sino con todas las inferencias morfológicas de esa raza.


En cuanto al aislamiento geográfico, lo que hemos encontrado con más sentido es un fragmento del erudito trabajo del profesor J. P. Garrido Roiz en el que cita a un autor que plantea una hipótesis, basada en el aislamiento geográfico, sobre el origen de las tres razas:
“Se ignora el mecanismo del proceso de formación de troncos y variedades raciales; Von Eickstedt ha formulado una interesante y sugestiva teoría sobre cómo pudieron formarse estos troncos y variedades, considerando que los caucasoides, negroides y mongoloides se constituyeron en Asia durante las glaciaciones pleistocénicas al quedar diversos grupos de sapiens aislados por las cadenas montañosas cubiertas de hielo en las áreas situadas al N y al S de una divisoria formada por el Himalaya y montañas de Persia, Anatolia y el Cáucaso, estando la zona situada al N dividida a su vez en otras dos áreas, oriental y occidental, por los glaciares al N del lago Baikal y Altai. En estas tres áreas, los factores indicados anteriormente habrían dado lugar a la fijación de los caracteres de cada uno de estos troncos, originándose el negroide al S del Himalaya, el caucasoide al O del lago Baikal y Altai, y el mongoloide el E, o sea, en la parte oriental. El tronco primitivo, representado por los australoides y weddoides, habría iniciado su dispersión antes del pleistoceno y, por tanto, antes de la diferenciación que dio lugar a los distintos troncos, de ahí que resulte difícil su clasificación en ninguno de los troncos conocidos”.
Me parece una idea a tener en consideración, pero apunta dos detalles con los que no estoy de acuerdo, primero es que basa la diferenciación en el Homo sapiens dejando a un lado los hombres anteriores, como si fuesen de otra especie y todos de la misma raza; y segundo que plantea esta diferenciación en las glaciaciones pleistoceno, demasiado próximas para mi visión.
Una vez hecho este repaso a lo que se puede encontrar por ahí, voy a intentar aportar algunas ideas sobre esto.
1º - Si un individuo, o un grupo de una raza, se entremezcla con otra raza, su morfología se va diluyendo, de modo que si un hijo de un matrimonio mixto tiene el 50% de cada raza, es un “mestizo”, los hijos del mestizo con una natural de la zona, ya sólo tienen el 25% de la primera raza, y así en tres o cuatro generaciones se diluye la raza incorporada, no altera en absoluto la raza predominante.
2º - Existen muchos condicionantes sociales, culturales, lingüísticos, etc. Que condicionan la elección de pareja, baste ver como aunque pasen los siglos, en Sudáfrica sigue habiendo blancos y negros, y en EE.UU. hay negros, y blancos, anglosajones, arios polacos y mediterráneos italianos. Las razas y pueblos tienden a no mezclarse, y si se produce alguna mezcla, se diluye fácilmente.

3º - Los hijos muestran semejanza con los padres o especialmente con uno de los dos, de ahí el dicho: “no puedes negar de quién eres hijo”, esta semejanza muestra no sólo en el rostro, sino en toda la fisiología y organización morfológica del cuerpo la del progenitor, y esta a su vez es el resultado de una modalidad de la forma específica humana, que se expresa con el concurso de unos genes, en un ambiente geográfico y en una cultura concreta.
4º - Es propio de alguna tesis doctoral, una aproximación al modo y momento en que el alma espiritual humana creada por Dios, organiza, asume, o llama a la existencia, la materia organizada que proviene de los padres. En este sentido conviene recordar que: “No es posible que un hombre en concreto produzca absolutamente la naturaleza humana, porque de hacerlo, sería causa de sí mismo. Sólo hace que la naturaleza humana se reproduzca en otro hombre concreto engendrado, y para esto supone con anterioridad a lo que hace, una materia determinada a partir de la cual se hace un hombre concreto… por lo tanto ningún ser creado puede producir absolutamente otro ser, sino sólo en cuanto que causa el ser en tal sujeto. Para esto es necesario que lo que hace que tal sujeto sea este ser concreto, sea anterior a la acción con la cual el agente hace algo semejante a sí mismo”.[1]
5º - No puedo de momento avanzar en este punto más allá de estas consideraciones, estoy de acuerdo con la idea que subyace en las hipótesis del origen multi-regional: las razas ya existían en la época del homo erectus, así lo prueban los rasgos morfológicos de los restos encontrados en los cinco continentes, todos guardan semejanzas con las razas que en la actualidad son nativos de esos lugares. ¿cómo, qué mecanismo lo ha hecho posible, lo ignoramos por el momento?.


[1] Santo Tomás: Suma Teológica I c45 a5 rob1.

Semogil 25 de Enero del 2.011

martes, 7 de diciembre de 2010

EL ORIGEN DE LAS RAZAS HUMANAS - 1


¿Cuál es el origen de las razas humanas?.
Antes de intentar acercarnos a ese origen, y debido a la expansión de la tontería “progre” actual, parece oportuno señalar que cada ser humano, independientemente de su raza, tiene la misma dignidad, que le viene dada por su propia naturaleza, al descender todos de los mismos ancestros, y por expresa voluntad divina, al ser todos hijos del mismo Dios. Así que todos los hombres tenemos la misma dignidad por ser hermanos, tanto a nivel específico, como a nivel espiritual. Por ello, no tenemos ningún reparo en hablar de las razas porque es algo evidente a nuestros sentidos y de gran importancia. El que por su parte, piense que hablar de las razas es incitar al racismo, que no hable de ellas, que las ignore, el hombre es libre hasta para instalarse en la estupidez.
Dejamos a un lado las múltiples etnias peculiares, y consideramos sólo las tres razas humanas principales que sirven como troncos. Todos los grupos menores, se pueden asociar sin dificultad a uno de estos tres: raza negroide (África y Australia), raza mongoloide (centro y este de Asia y buena parte de Oceanía) y raza caucásica (Europa y Asia occidental hasta la India).
Son muy pocos los antropólogos que se atreven a estudiar este origen, dejan la tarea a los paleoantropólogos, que por el momento, no han conseguido dar razón creíble del origen de las tres razas humanas.
La mayoría de ellos aceptan sin más el origen evolutivo del hombre a partir de algunos “semihombres” o “casi-hombres” anteriores, pero al separar varias especies distintas de hombres, vinculan nuestra existencia al aparecimiento del Homo sapiens, generalmente aceptan que surgió en África a partir de algunos Homo erectus en una fecha relativamente reciente que ellos estiman entre 150 y 200 mil años. Esa nueva especie Homo sapiens exterminó a las demás especies que vivían en la Tierra y en muy pocos milenios conquistó el mundo diversificándose en principio en las tres grandes razas humanas.
Existe un pequeño grupo de paleoantropólogos, principalmente Wolpoff de la universidad de Michigan y algunos profesores australianos, que apoyan lo que llaman la hipótesis del “origen multi-regional”, ellos han observado ciertos parecidos morfológicos entre los distintos restos de Homo erectus de cada continente y la distribución de las tres grandes razas, ellos defienden que los Homo erectus africanos tienen rasgos que recuerdan a los individuos negroides; los erectus europeos recuerdan a los neanderthales, y los erectus de extremo oriente presentan rasgos propios de la raza mongoloide. Por todo ello, proponen que el Homo sapiens no proviene de un tronco único, sino que ha llegado a ser en áfrica y Asia, a partir de los erectus que allí vivían, y en caso de Europa y Oriente próximo el proceso ha sido distinto, a partir de los erectus surgieron los neanderthales y de ellos nosotros. Si se acepta un origen común para todos, hay que remontarlo a antes del Homo erectus.
Evidentemente, no estamos de acuerdo con ninguna de las dos hipótesis. En primer lugar porque según la respuesta que se dé a la pregunta fundamental: ¿Qué es el hombre?, así será el criterio para distinguir a otros seres para sacarlos fuera de la especie humana. El paradigma evolutivo ha impuesto la creencia de que no existe la esencia específica (ya hablamos de esto en otra entrada anterior), y de que establecer si dos seres son de la misma especie o no, es algo subjetivo y por lo tanto poco importante. Existen menos diferencias morfológicas entre un neanderthal y un hombre actual que entre los homo sapiens que aparecen en la foto.


Nos parece un profundo error dividir los hombres que han vivido en la Tierra en diferentes especies, error que sólo puede ser atribuido a una profunda ignorancia, o a una intención perversa. Los rasgos morfológicos, generalmente los únicos apreciables o deducibles de los restos óseos humanos que aparecen en los yacimientos, no pueden determinar si ese hombre era hombre como nosotros o no lo era (suponiendo que hubiese habido alguna vez un hombre que no fuese hombre).
A pesar de los restos culturales que a veces aparecen en los yacimientos, y que son de un significado brutal, como ejemplo, en 1.966 se descubrió en Eslovenia en un campamento neanderthal, un fragmento de una flauta construida con un fémur de un joven oso de las cavernas. El fragmento contiene dos agujeros intactos y otros dos uno a cada lado, en la zona por las que la flauta se partió.[1]
Esto ya es mucho para los que defienden que el Neanderthal era poco menos que un mono: ¿música?, ¡imposible!, así que proponen, que los agujeros los hizo un oso de las cavernas que mordió el hueso.[2] Ante esto, nos hemos tomado la molestia de medir detalladamente los orificios de esa flauta de oso, el diámetro del hueso, la distancia entre ellos, y el diámetro de los orificios, y hemos podido comprobar que las medidas de esos tres parámetros se corresponden exactamente en una proporción de 1,4, con las dimensiones de esos tres parámetros en una de las flautas que los escolares españoles usan en sus clases de música. Así que esa flauta de cuatro agujeros perfectamente circulares, no pudo ser mordida por un oso, que hubiese roto el hueso en astillas.
Se ha probado con una réplica de esa flauta, y se pueden tocar melodías; y también hemos encontrado un magnífico trabajo, de expertos en instrumentos que han estudiado esa flauta, y defienden con contundencia que el fragmento encontrado podía dar dos tonos y un semitono perfectamente diatónicos, y que constituye el más antiguo documento del uso de la escala musical.[3]
Para los que todavía se resisten, después de 30 años de su hallazgo, se ha reconstruido otra flauta neanderthal con 31 fragmentos de un hueso de colmillo de mamut, encontrado en Geissenklösterle (Alemania) y que perfectamente es asociable a las actuales flautas traveseras o contralto.[4] Ésta última, la han “datado” en 35.000 años, y la primera en 70.000. Y aún con esto, no son seres humanos como nosotros. Los hay necios.

La paleoantropología, sería mucho más clara, si confesase que lo que realmente estudia es la distribución geográfica de los distintos tipos morfológicos humanos a través del tiempo, y se dejase de todas esas fantasías de la evolución humana.
[1] Wilford, J. Noble “Playing of Flute May Have Graced Neandertal fire” The N. York Time – 29/10/1.996 – B5 y B6.
[2] Stringer, C. y Andrews, P. Op. cit. p. 210.Justificar a ambos lados
[3] Atema, Jelle – Univ. Boston – http/whyfiles.org/114music/4html
“Evidencia del origen de la escala diatónica” – www.greenwych.ca/fl-compl.htm.
Para ver buenas fotografías de las flautas, ver en la red: “Flauta – Neandertal”.
[4] Cómas, José - “El País” 7 de Enero del 2.005. “Una flauta neandertal”.
Semogil 7 de Diciembre del 2.010

martes, 15 de diciembre de 2009

Las pisadas de Laetoli - ¿Quién pasó por allí?

Nativo de la antigua Nueva powerania en las Islas Salomón, imagen de: www.piedrasdeica.es

En 1.977, el equipo de Mary Leakey descubrió un rastro de huellas humanas en Laetoli, Tanzania, con una “antigüedad” de 3’7 millones de años, en estratos del Plioceno medio. [1] En todos los libros que encuentren, esas huellas son atribuidas a los ustralopithecus afarensis (Lucy), ¿por qué?. Pues porque existe la “hominización”, porque en la versión oficial, durante el Plioceno medio, no había hombres y lo único que había para echar mano, en aquella época eran los afarensis. Y de paso, se despejaban las “dudas” sobre si podían esos seres andar bípedamente o no. No importa que no se hayan encontrado los huesos de un pie de afarensis para poder reconstruirlo, ni, tampoco importa que anduviesen con los nudillos de las patas delanteras; no importa nada, conviene y eso es suficiente.

Las huellas se han quedado marcadas sobre unas cenizas que expulsó un volcán cercano. Esas cenizas eran muy ricas en carbonatos, por lo que con una ligera lluvia que cayó, se endurecieron con prontitud y el viento no las amontonó. Pasó primero un individuo que marchaba en dirección Norte; detrás de él, pasó otro individuo, con los pies más pequeños que el anterior, y que caminó durante todo el recorrido del rastro, colocando sus pies en el mismo lugar en el que lo había hecho el primero; a su lado, caminaba otro individuo más pequeño aún, que mantenía con armonía las mismas suaves sinuosidades del rastro, por lo que es fácil inferir que caminaba cogido de la mano del primero o del segundo individuo.

Hay también huellas de animales y de gotas gruesas de lluvia. Las huellas indican que los humanos que pisaron, tenían el dedo gordo y el contiguo igual que nosotros, y su modo de caminar era perfectamente humano. [2]

Vamos a hacer algunas observaciones desde la distancia y confiados en la información que tenemos sobre las huellas de Laetoli. Por supuesto que es sólo una especulación:
→ Vamos a considerar que esas pisadas son de seres humanos como nosotros, que es lo más evidente si se miran sin prejuicios evolucionistas.
→ Vamos a llamar al primer individuo, al más grande: el padre; a la que pisaba en sus huellas: la madre, y al más pequeño, al que iba de la mano de la madre: el hijo. Por supuesto que esto es una suposición que no se puede demostrar, pero facilita un poco las cosas que vienen a continuación, y al final se verá que no es muy “descabellada”.
→ El padre avanza el primero, decidido, con paso constante, en su dirección (caminó hacia el Norte) y en su amplitud (la longitud de la zancada es bastante uniforme). No olvidemos que cerca hay un volcán en erupción y, a diferencia de los animales, estos seres no huyen despavoridos ante un brusco fenómeno natural.

Pisadas de Laetoli, imagen de: http://4.bp.blogspot.com

→ Detrás de él, y siguiendo sus pasos, viene la mujer. El que haya caminado por el campo después de una nevada, comprenderá perfectamente a qué me refiero al decir que pisaba donde había pisado el padre, porque en ese sitio no había “sorpresas” ( no podemos pensar que lo hizo porque las cenizas estaban calientes, porque no hubiera dejado que su niño fuese quemándose y ella no); para andar de ese modo, y siendo más pequeña puesto que su pie lo era considerablemente, tenía necesariamente que forzar su paso, lo que indica una voluntad y una decisión, un plan y la capacidad de realizarlo con habilidad, porque no se sale de las huellas del padre en ningún paso.[3]
→ La posibilidad de que lo hiciese como “jugando a ver si era capaz”, indicaría un comportamiento igualmente humano, la conciencia del desafío interior, la voluntad, la perseverancia.
→ El niño camina de la mano izquierda de la madre, y está acostumbrado a andar de este modo, porque tiene que forzar el paso aún más que la madre, porque el número de huellas es el mismo que el de ella y que el su padre, y porque las suaves oscilaciones del rastro a derecha e izquierda, van en armonía con las de su madre.
→ Después de pasar los tres, una nueva capa de ceniza enterró el rastro hasta que fue descubierto en 1.977.

→ Lo que realmente importa es que no se puede defender que esas huellas las hicieron unos Australopithecus, son huellas humanas, indiferentemente de que sean las huellas más antiguas que tenemos de una familia, o las de tres amigos.

Ya está bien de que jueguen con nosotros hablándonos de varias especies de hombres que se han sucedido a lo largo del tiempo, evolucionando hasta llegar a nosotros, nadie ha definido los límites de variabilidad dentro de la especie humana, y para muestra la foto que encabeza esta entrada, vuelva a verla detenidamente, habla por sí sola, conviene que sepa que su cráneo hubiese sido clasificado sin duda como perteneciente a la especie homo erectus o a homo neanderthal, según los paleoantropólogos que lo hubiesen estudiado, después, piense un poco y responda a esta pregunta:
¿Pertenece ese nativo de las islas Salomón a la especie homo sapiens como usted y yo?

[1] Hay un relato del descubrimiento de las huellas en: – Johanson, D. y Edey, M. "El primer antepasado del hombre" Edit. R.B.A. p.270 – 276.
[2] Lovejoy, C. O. “The origen of man” Science 211 – 1.981 – p. 341 – 350.
[3] Si quieren entender a qué me estoy refiriendo, pueden hacer la prueba en la playa, o si no, pintar en el suelo con tiza las huellas de alguien más alto que usted, y luego intente pisar sobre ellas durante 24 metros al menos.
Semogil 15 de Diciembre del 2.009

lunes, 23 de noviembre de 2009

El mito de la evolución humana - II


Imagen de una reconstrucción hipotética del hombre de Pekín: http://neanderthalis.blogspot.com
Comentamos en la anterior entrada, que diríamos ahora algo del hallazgo del famoso “Hombre de Pekín”. Vamos a resumir los muchos relatos que sobre este hallazgo hay:
En este caso, curiosamente, como en el del “hombre de Piltdown”, también aparece el jesuita francés Teilhard de Chardin que cooperaba con el servicio geológico de China, y estaba en estrecho contacto con el Dr. Anderson. Los dos eran fervientes partidarios de la evolución, con el único hayazgo del hombre de Java.
En 1.921, el Dr. Anderson, de la Geological Survey of China, encontró en las cavernas de Zhoukoudian, en una vieja cantera de piedra, un fragmento enorme y rectángular de cuarzo. Sabiendo que no existían rocas con cuarzo en todo el distrito, pensó que aquella piedra había sido traída hasta allí por los hombres. Después de encontrar dos muelas, la Rockefeller Foundation (masones y por supuesto evolucionistas), le otorgó una subvención de 20.000 dólares anuales para excavar el yacimiento. En 1.926, después de encontrar una tercera muela, el Dr. Black, canadiense y jefe del proyecto, clasificó los restos como Sinanthropus pekinensis. En Diciembre de ese año publicó su fundamentado trabajo en Nature y en Science y la prensa mundial, rápidamente, se hizo eco del descubrimiento. ¡Con sólo tres muelas!, ¡los hay sabios en verdad!.
Dibujo ciencia-ficcion de los hombres de Pekín en su cueva, tomado de: http://donsmaps-com
La excavación mostró que habían existido dos cuevas, y que en la superior había sido construido un horno, (usado posiblemente para hacer cal), perfectamente montado con grandes piezas de cuarzo que estaban cubiertas de hollín por un lado; en algún momento, el suelo de la cueva superior se desmoronó, dejando caer en la cueva inferior, aparte de rocas, la no despreciable cantidad de 18.000 m3 de cenizas,.(no se si se hacen una idea de lo que estamos hablando, esa es la ceniza que podrían transportar 750 “tráiler-bañera”, tuvieron que estar haciendo cal decenas de miles de años en la misma cueva). De entre las cenizas, se sacaron restos de unos catorce cráneos con otros huesos de ciervo, etc. Todos los fragmentos de cráneos, tenían aspecto completamente simiesco, y todos ellos tenían la base del cráneo aplastada y la región del foramen occipital rota para extraerles el cerebro y comerlo.
Aparecieron también bastantes piezas de cuarzo muy bien cortadas para que encajasen, (formarían las paredes del horno, ¿saben de alguien que tenga o haya tenido un horno construido con bloques rectangulares de cuarzo?), y también huesos cortados y trabajados. Pues con todo esto ya tenemos un hombre-mono que aunque tenía aspecto totalmente simiesco, construía hornos, tallaba cuarzo y huesos, y conocía el fuego, sabía hacer cal, y la usaba… ¡Magnífico!, el Homo erectus, encontrado por Dubois, había prosperado.

En 1.934, se hallaron en otra parte de la cueva, lejos de la ceniza, cinco cráneos perfectamente humanos. El sucesor del Dr. Black al mando de la excavación, el Dr. Weidenreich, ocultó estos cráneos hasta el año 1.942. En 1.937 el antropólogo francés Marcellin Boule fue al yacimiento, y aunque no le dijeron nada de los cinco cráneos humanos, en su informe dijo que el horno y la cantera eran obra de hombres, y que esos hombres se habían comido unos monos, cuyos restos eran los primeros restos encontrados. Para los chinos, los sesos de mono son una golosina exquisita y preciada aún hoy.
Estalló la segunda guerra mundial y de los fósiles de la cantera de Chou-Kou-tien, que así se llama el lugar, no se ha vuelto a saber nada. Alguién, corrió la noticia de que los habían robado los japoneses, pero en 1.972 el Dr. Christopher Janus descubrió que el gobierno Chino conserva un recibo y está convencido de que los huesos están en EE.UU.; parece que nadie está interesado en que puedan ser estudiados y se descubra lo que realmente son.
A pesar de todo esto, hasta en los libros serios, siguen poniendo los dibujos del Dr. Weidenreich reconstruyendo el “hombre de Java” y el “hombre de Pekín”.
Y no digamos nada del gobierno comunista chino, que ha hecho una escultura de dos metros de altura del cráneo del hombre de Pekín, no se encontró la cara, pero ellos se la han puesto a su gusto.
Así va la cosa, intenten buscar bibliografía sobre el tema y podrán comprobar que nadie dice nada de los cinco cráneos humanos, ni del informe del profesor francés, ni del paradero de los cráneos. ¿Por qué será?.

Escultura del "hombre de Pekín" en la puerta del museo chino de la evolución humana: www. absolut.china.com
Sobre el “hombre de Pekín” puede verse:
- Sanvicens, A. “La verdad sobre la evolución” p. 338 – 341.
- Artigas, Mariano – “Las fronteras del evolucionismo” Edit. M. C. p. 55 – 1.985.
-Stringer, C. y Andrews, “La evolución humana” p. 138.
-Borruso Silvano, “Evolucionismo en apuros” 88 -91
Semogil 23 de Noviembrer del 2.009

domingo, 22 de noviembre de 2009

Así empezó el mito de la evolución humana

Participantes en el asunto del "hombre de Piltdown" - imagen de www.planetacurioso.com

En 1.859, Darwin publicó su conocido libro “El origen de las especies”, en el que retomó las ideas de su abuelo y las de otros que antes de él ya habían postulado el transformismo. Publicó su libro rápidamente, cuando leyó el manuscrito de A.R. Wallace y vio que decía lo mismo que él, y que lo iba a publicar enseguida. [1]
Apenas cinco años después, Ernst Haeckel, publicó su libro: “General morfología” donde planteaba entre otras cosas, la similitud del desarrollo embrionario entre especies muy distintas, su famosa ley biogenética fundamental, con sus menos famosos dibujos amañados, que ya veremos con detalle en otra entrada.
En 1.871, Darwin animado al verse respaldado por Haeckel, publicó su “Origen del hombre”, en el que ya planteó la procedencia humana a partir de un primate. [2]
Enseguida, en 1.874, Haeckel, en sólo tres años ya había resuelto el problema de la evolución humana, y publicó su “Antropogenia o historia de la evolución humana”, en la que fijó 22 especies desde un mono hasta un hombre, las describió y las nombró, toda una hazaña “científica” sin moverse de su despacho. [3] A él le cabe el dudoso honor de haber nombrado al eslabón perdido, al hombre-mono, al Pithecanthropi como él lo llamó, además de algunos nombres ingeniosos en el camino evolutivo como homo stupidus.
Uno de los discípulos de Haeckel, ferviente darwinista, decidió emprender la búsqueda de ese hombre-mono,. El doctor Eugène Dubois, médico holandés, miró la bola del mundo y supo dónde encontrarlo, se enroló en el ejército y se fue a la isla de Java, entonces bajo control de Holanda. Allí, organizó campañas de excavaciones; sus obreros eran los presos; y en las terrazas del río Solo, cerca de Trinil, encontró en Septiembre de 1.891 un diente. En Noviembre de ese mismo año, encontró, a dos metros de donde había estado el diente, un casquete[4] de cráneo muy erosionado. En Septiembre del año siguiente, a unos quince metros del lugar anterior, encontró dos fémures en muy buen estado, y cerca otro diente. Con todo eso, volvió a Europa y comunicó que había encontrado al Pithecanthropus erectus, el eslabón perdido; el cráneo era claramente simiesco, y los fémures eran claramente humanos, luego había encontrado el “hombre mono”. Este es el primer honmo erectus. Dató sus fósiles en el Plioceno.
Huesos presentados como pertenecientes al "hombre de Java"- imagen de http://3.bp.blogspot.com/

Pronto, le advirtieron que la isla de Java emergió del mar en el Plioceno, y tuvo que rectificar, y como muchos no le creyeron, guardó los fósiles en su casa y se negó a hacer declaraciones. Hubo dos expediciones que intentaron confirmar sus hallazgos, una la de Mme. Selenka en 1.925, y otra la de Von Könisgswald en 1.930. A la vuelta, y en vista de lo que habían encontrado, o mejor dicho de lo que no habían encontrado, los dos se entrevistaron con Dubois, que a regañadientes, les enseñó una gran cantidad de fósiles que tenía ocultos bajo el entarimado de su habitación, entre ellos había dos cráneos humanos que admitió haber encontrado junto a los dos fémures. [5]
Así que el famoso Hombre de Java, el primer Homo erectus, era un casquete de cráneo de orangután y dos fémures humanos. Todo lo que hemos contado de la mano de Silvano Borruso, parece no tener ninguna importancia para los evolucionistas, puesto que se sigue enseñando en nuestras escuelas e institutos el famoso hallazgo del Hombre de Java.

A todo esto, los ingleses que no iban a ser menos, encontraron en una cantera en Piltdown una calota[6] craneal, claramente humana y una mandíbula claramente simiesca, junto a algunas herramientas de piedra. Se le llamó Eoanthropus dawsoni, y convenientemente colocados, mandíbula y calota, se entronizaron en lugar de honor en el Museo Británico. Y allí estuvieron cuarenta años como la mejor pieza del museo, hasta que en 1.950 el geólogo del Museo Británico Kenneth Oakley, comenzó a sospechar; sometió los fósiles a un recientemente descubierto método de análisis del contenido en fluorina, y vio que no coincidían los resultados de la calota con los de la mandíbula; se estudió el asunto con seriedad y se pudo comprobar que: se había teñido uno de ellos para que tomase la tonalidad del otro; se habían rebajado con una lima los dientes de una mandíbula de orangután para que pareciesen un poco más humanos; se había roto “recientemente” el cóndilo[7] de la mandíbula, para evitar que pudiera comprobarse que no articulaba con la calota; y las herramientas de silex, eran de Túnez. [8] En esta “estafa – broma”, estuvo implicado el famoso jesuita-evolucionista francés, Teilhard de Chardin, que casualmente en la época del hallazgo, había llegado a Inglaterra procedente de Túnez.
Cráneo del hombre de Piltdown"- Imagen de www.matarhumanos.com

Después del Hombre de Piltdown, vino el no menos rocambolesco hallazgo del Hombre de Pekín, en la que también estuvo involucrado Teilhard de Chardin, pero eso lo contaremos en otra entrada.

Con lo que hemos contado hasta ahora, ya nos podemos hacer una idea de cómo fueron los comienzos de la Paleoantropología, aunque con el paso del tiempo hemos mejorado mucho en seriedad, rigor y comprobaciones, justo es decirlo ahora.
Hemos dejado a un lado el hallazgo en 1.856 del primer Neandertal, precisamente porque fue encontrado antes de Darwin y de Haeckel, y porque los científicos admitieron que habían encontrado el esqueleto de un hombre antiguo, no sintieronm necesidad de inventar nada.
Hemos citado esos casos, porque ilustran muy bien, hasta donde pueden llegar las cosas, cuando se investiga con prejuicios: si vas a buscar un hombre-mono, es mucho más fácil que te convenzas a ti mismo de que lo has encontrado, que si vas al yacimiento simplemente a ver qué es lo que encuentras, sin una idea pre-aceptada, y entendemos que esto es muy difícil, pero el Paleoantropólogo tiene que hacerse violencia a él mismo para intentar conservar la objetividad.

Y que nadie se vaya a quedar muy tranquilo, pensando que eso de tener ya decidido, qué es lo que ha pasado antes de encontrar las pruebas, era algo que pasó en el siglo XIX, lean ustedes:

“Lo que se necesita son formas de algún modo intermedias, “eslabones perdidos” en la retórica tradicional, o dicho aún más crudamente: hombres-mono”. [9] Y estas palabras, no son de Haeckel, ni de Darwin ni de Dubois, ni son del siglo XIX, son del más conocido codirector de Atapuerca, y están escritas en 1.999.
No sabemos bien quién necesita los hombres-mono, si la humanidad, la ciencia, la biología, los paleoantropólogos, los evolucionistas o quién; yo por ejemplo, no los necesito para nada, ¿y usted?.
La sinceridad del autor, lo honra, porque está diciendo claramente que en ciento cincuenta años de empeño, no han conseguido encontrarlos.
[1] Alonso, Carlos Javier – “El evolucionismo y otros mitos” – Eunsa – 2.004 – p. 34 – 37.
[2] Darwin, C. “El origen del hombre” Edit. Edaf – 1.994 – p. 17 – 34.
[3] Di Trocchio, Federico – “Las mentiras de la ciencia” Alianza Editorial. – 1.998 – p. 333 – 337.
[4] Parte superior del cráneo.
[5] Borruso, S. “Evolucionismo en apuros” p. 186 – 188.
[6] Parte delantera del cráneo, lo que serían los huesos de la cara y la frente.
[7] El cóndilo es el extremo de la mandíbula que se articula con la base del cráneo.
[8] Hay un muy elaborado estudio de este asunto en Di Trocchio, F. Op. cit. p. 345 – 391. De él hemos resumido nuestra información.
[9] Arsuaga, J. L. “El collar del Neanderthal – En busca de los primeros pensadores” – Edit. Temas de Hoy – 1.999 – p. 46.
Semogil 22de Noviembre del 2.009